El ex marinero y ex pirata, Enrique Romo, quiere una oportunidad como
coach de pitcheo; fue quien le enseñó el screwball a Fernando Valenzuela
Fernando Ballesteros
Hace 30 años debutó en las Grandes Ligas con una gran labor monticular y hoy se gana la vida en un taller de torno en Torreón, Coahuila.
Fue quien le enseñó a Fernando Valenzuela a lanzar el tirabuzón, la pitcheada mortal que tanto éxito le dio con los Dodgers de Los Ángeles en los 80’s.
Hoy, próximo a cumplir 60 años de edad el 15 de julio, Enrique Romo vive de los recuerdos, alejado completamente del beisbol profesional y envuelto en el inexplicable misterio que lo llevó a retirarse de las Grandes Ligas después de una exitosa temporada con record de 9-3 en 1982 para los Piratas de Pittsburgh.
“Es algo que nunca le voy a decir a nadie”, dice Romo en entrevista vía telefónica con Puro Beisbol.
“Me han preguntado mucho eso, que por qué me vine estando en plenitud de facultades a los 35 años, pero eso apenas yo lo se, nunca tuve un problema con nadie en Estados Unidos, simplemente ya no quise ir”, agrega el hermano menor de Vicente, ‘El Huevo’ que siendo un mejor lanzador no destacó igual que Enrique en Las Mayores.
Romo dice que en 1983 se quedó en México para integrarse a la ANABE (Asociación Nacional de Beisbolistas), cuyo movimiento exigía un mejor trato a los jugadores y se formó otra liga con peloteros inconformes, donde el todavía bigleaguer llego para darle fuerza al circuito que más tarde desapareció.
--¿Por qué esa decisión tan drástica de ya no seguir triunfando en Ligas Mayores?
-- “Es algo que nunca voy a decir, creo que pude haber jugado otros cuatro años porque estaba entero, hice buen trabajo y nunca me lesioné el brazo, pero es algo que me guardo, no se lo puedo decir”.
El caso de Romo es parecido al del relevista sinaloense Antonio ‘Cañón’ Osuna, quien decidió quedarse en México después de la temporada 2005 (a los 33 años de edad), aún y cuando recibía ofrecimientos de equipos de Grandes Ligas.
“He oído mentar al señor Osuna, pero no lo he conocido y puede ser un caso parecido. Lo mío es algo que yo decidí, a veces me lo reprocho yo mismo, pero no me arrepiento porque estoy bien con mi familia”.
NO LE DIERON NADA DEL CONTRATO
Enrique trabajaba a mediados de los 60’s en La Marina de Mazatlán. Entonces jugaba como jardinero y Vicente le habló para preguntarle si estaba decidido a probar en el profesionalismo.
Fue así como lo recomendó a la Liga del Sureste, donde jugó con Coatzacoalcos que competía contra Yucatán, Orizaba, Campeche, entre otros clubes.
“Pero nunca pasé por la Liga Central, ni tampoco por las ligas menores cuando fui a Estados Unidos, me fui directo a la Liga Mexicana con los Charros de Jalisco”.
Romo debutó con los Charros en 1968 y su record fue de 9-9. En 1972 pasó a Torreón y al siguiente año a los Diablos Rojos, pero fue en 1974 cuando demostró ser un estelar al concluir con 17-9.
Para 1976, Enrique estaba imbateable en la Liga Mexicana. Ese año concluyó con 20-4, 1.89 de efectividad, con 56 bases y 236 ponches.
Entonces el 1 de abril de 1977 los Marineros de Seattle compraron su contrato a los ‘escarlatas’.
“El trabajo que estaba haciendo con los Diablos Rojos hizo que se fijaran en mi, pero la verdad nunca supe cuándo les dieron por mi contrato, según me tocaba cierta cantidad porque los equipos lo venden a uno, pero ya vez como son ellos.
“Diablos hizo el trato y en ese sentido me echaron mentiras, nunca vi esa cantidad y yo le estuve hablando al señor Ángel Vázquez (ex presidente del club). Yo les dije, ‘no voy a pelear con ustedes por el dinero, les agradezco que me hayan dado la oportunidad de ir a Estados Unidos’. Y ya jamás volví a saber de la organización”.
DEBUTA CONTRA NOLAN RYAN
Tan sólo seis días después de que los Marineros obtuvieron su contrato, el manager Darrel Johnson le dio la bola para encarar a los Serafines de California y…¡Nolan Ryan!
Romo tuvo un gran debut al lanzar 7 innings de 2 carreras, 4 hits, 3 bases y 9 ponches. El problema fue que Ryan tiró una blanqueada de 3 inatrapables y los Serafines ganaron 2-0.
Esa campaña fue muy buena para Romo porque concluyó con 8-10, 16 salvamentos y 2.83 de efectividad, los dos últimos departamentos siendo líder del equipo.
Luego vinieron dos temporadas seguidas en las que logró el doble dígito de victorias (11-7 y 10-5), ésta última ya enfundado en la casaca de los Piratas de Pittsburgh que lo obtuvieron un 5 de diciembre de 1978 en un cambio 3 x 3 que llevó al short stop sonorense Mario Mendoza a los Marineros.
Romo tiene muchas anécdotas en sus seis años en Las Mayores (concluyó con 44-33 en ganados y perdidos), pero su mayor orgullo es haber sido campeón del mundo con Pittsburgh en 1979.
“Relevé en dos juegos, los últimos ya no pude porque estaba haciendo mucho frío, pero nunca tuve nervios, mi hermano y yo siempre fuimos valientes para pitchear”, afirma.
En efecto. Enrique tiró una entrada en blanco en el primero de la serie que perdieron 5-4 ante Baltimore y apareció nuevamente en el tercero donde los Orioles tomaron ventaja de 2-1 al ganar 8-4. El derecho lanzó 3.1 innings con 2 carreras, 5 hits, una base y 4 ponches.
Al final Romo recibió anillo de campeón porque los Piratas remontaron para ganar la serie en un séptimo duelo, cuyo equipo lo encabezaban Willie Stargel, Dave Parker y Bill Madlock.
SU DESCUBRIMIENTO: EL SCREWBALL
Romo siempre había estado a la sombra de su hermano Vicente en México y él lo reconoce.
“Crecí admirando a mi hermano, en ese tiempo los Charros de Jalisco no tenían sucursales y uno tenía que fajarse. Nunca tuve un instructor, pero yo traía el potencial y lo demostraba cada vez que me daban la oportunidad”.
El inquieto Enrique descubrió un lanzamiento que lo llevó a triunfar en Grandes Ligas, pero a quien hizo muy famoso fue a Fernando Valenzuela: el screwball (tirabuzón).
“Resulta que una vez estaba en San Juan de Aragón en México, le dije al (manager) ‘Cananea’ Reyes que yo debía hacer algo porque tenía problemas con los bateadores zurdos. Y me puse a lanzar contra una pared hasta que me salió esa pitcheada que con el tiempo se la enseñé a Fernando Valenzuela y a Roberto ‘Babi’ Castillo”.
Recuerda que a Valenzuela se la enseñó en una ocasión en Yucatán y luego en Estados Unidos.
“A mi esa pitcheada me sacó a flote en Grandes Ligas,es una pitcheada que no cualquiera la tira, yo la tiraba por arriba y de lado, se me daba, no batallaba mucho”.
Romo reconoce que su recta nunca pasó de 85 millas, pero su repertorio, además del screwball, incluía la curva y el cambio que complementaba con buen control. “(los bateadores) esperaban conmigo chile, tomate y cebolla, como se dice en Sonora”, dice, mientras se escucha una carcajada a través del auricular.
El brazo de Romo nunca se lesionó y era tan fuerte que en 1979 fue segundo en las Grandes Ligas en apariciones con 84, cuyo record para un mexicano fue roto hasta la temporada 2003 por el regiomontano Óscar Villarreal que logró 87 y luego perdió casi dos años debido a que se resintió del brazo.
“No sabía que me habían roto ese record”, dice Romo. “Es que casi no sigo el beisbol de ahora, oigo que el Óliver Pérez, que aquí andan Erubiel, Karim…”.
--¿Entonces no sabe mucho del desarrollo que ha tenido el beisbol en México?
--Se que no dan la misma oportunidad como a los dominicanos y venezolanos. Creo que la diferencia con los mexicanos es que aquí los dueños de equipos dicen ‘dame tanto y te lo mando’, ese es el problema, lo que deberían de hacer es mandarlos y ya si se quedan entonces que cobren, pero sí hay mucho talento”.
EL HUEVO, ARANO Y ESPINO….LOS MEJORES
Enrique, quien se creó en su infancia en Guaymas, dice que siente respeto por la gran carrera de Fernando Valenzuela, pero para él los mejores pitchers mexicanos han sido su hermano Vicente y Ramón Arano.
“(Valenzuela) en Estados Unidos fue lo máximo, abrió las puertas para los mexicanos, pero aquí no hizo mucho en números”.
--¿Qué bateador se le dificultó más en su carrera, a quien no podía dominar?
“Todos….como dicen en Sonora, ‘todos traen un palo’, pero en lo personal había un señor que todos lo conocemos, Héctor Espino que en paz descanse, él era una persona respetable por todos nosotros. Y fíjese que me atrancaba, pero también lo dominaba. Creo que fueron más las veces que me atrancó, pero eso le pasaba a todo mundo en esa época”, comenta y suelta otra carcajada.
POR UNA OPORTUNIDAD
Casado con María Elisa de Romo desde hace 25 años (su segundo matrimonio), Enrique se la pasa todo el día fuera de su casa entre el taller de torno y dos o tres veces a la semana instruyendo a jugadores de la Universidad Autónoma de Coahuila.
Trabaja en el torno desde hace 13 años y también juega los fines de semana en las ligas de veteranos, además de que recibe una pensión de Grandes Ligas.
Pero Romo quisiera regresar a los diamantes del profesionalismo. Está esperando una oportunidad como coach de pitcheo, donde pudiera enseñarle el screwball a Óscar Rivera o a un Óliver Pérez que se está consolidando como un estelar en Las Mayores.
“No me han dado la oportunidad y no se qué pasará porque tengo muchos amigos con el Unión Laguna y no me ofrecen nada. Yo fácil podría ser coach de pitcheo porque hay personas que al lado de uno, sin menospreciar a nadie, no tienen los mismos conocimientos”.
Dice que lo comenta con ‘El Huevo’ cada vez que lo visita en Torreón y llegan a la conclusión de que los clubes piensan que está retirado del beisbol.
Por lo pronto, Romo tiene que conformarse con enseñar al máximo a Juan Antonio, su hijo de 15 años de edad que está destacando en las ligas juveniles de Torreón.
“Es cuestión de enseñarle oiga y lo hago con todo gusto, aunque nosotros salimos de Guaymas….de las calles. El que es bueno ya lo trae, por ejemplo, ya vi aquí al hijo de Valenzuela y no le veo mucho, ya es imposible que sean como uno”.
Desestima Piña los esteroides
El ex ligamayorista mexicano que lanzó en la Serie Mundial de
1973, cree que los peloteros buenos ya vienen de nacimiento
Por Fernando Ballesteros
A Horacio Piña nadie le puede contar las entrañas del beisbol mexicano y mucho menos de las Grandes Ligas.
Nativo de Matamoros, Coahuila, quien tuviera dos relevos perfectos para los Atléticos de Oakland en la Serie Mundial de 1973, le entra a todos los temas que se le abordan y habla de los esteroides en las Grandes Ligas.
“Te la voy a poner muy fácil”, explica ‘El Ejote’ Piña. “Para batear hay que pegarle primero a la bola y para sacar outs hay que tirar strikes, ninguna de las dos cosas te la dan los esteroides”.
Piña se muestra entusiasmado con el tema, aún y cuando asegura que en su época de los 60’s y 70’s esa situación nunca causó revuelo.
“Me tocó una época con compañeros estrellas como Sal Bando y Reggie Jackson, pero en ese equipazo con Oakland yo nunca me di cuenta de algo extraño y eso que convivíamos todos.
“Se que había drogas de tipo pastillas, pero de esteroides nunca supe. Creo que todos nos dimos cuenta hasta la época de (Mark) McGwire y eso porque fue publicado, pero además creo que el que es buen pelotero ya lo trae y en un duelo entre pitcher y bateador tiene mucho que ver la inteligencia”.
SU TRAYECTORIA EN MÉXICO
Piña se perdió varios años de jugar en verano por su trabajo en Grandes Ligas, pero nunca dejó de reportar en invierno con los Tomateros de Culiacán al grado de lanzar 12 temporadas con el equipo.
“Tuve la suerte de ser campeón del mundo con Oakland en 1973 y no se me olvida que después de cada temporada en Grandes Ligas llegaba a mi querido Culiacán para defender la casa de los Tomateros, donde llegamos a tener el mejor pitcheo de liga durante muchos años”.
De esa época guinda recuerda entre otros lanzadores a Sid Monge y Cecilio Acosta, así como a los jardineros Ángel Macías, Marcelo Juárez y ‘Pepe’ Rodríguez; a Lupe Cancino en la receptoría, Ildefonso Ruiz en la inicial, Bernardo Calvo en segunda, Roberto ‘El Ingeniero’ Ortiz en tercera y Saúl Mendoza en el campcorto.
“El dueño del equipo era don Juan Ley Fong, ahí empecé mi trayectoria en 1967 y fueron 12 temporadas inolvidables. De hecho, lo mejor que me sucedió en mi carrera fue ganar la Serie Mundial, los campeonatos con Culiacán y las buenas temporadas individuales en el beisbol de verano”.
En 1978, Piña estuvo intratable en la Liga Mexicana con los Rieleros de Aguascalientes al compilar record de 21-4 y 1.94 de efectividad en 204 innings.
Su trabajó llegó alcanzó la excelencia el 12 de julio de ese año cuando lanzó Juego Perfecto durante nueve entradas en el triunfo del local Aguascalientes por 3-0 sobre Diablos Rojos del México.
Ese año se dio su retiro de las Grandes Ligas con solo dos relevos para los Filis de Filadelfia, aunque su adiós definitivo como jugador fue en 1984 con los propios Rieleros a los 39 años de edad.
--¿Qué bateador se le dificultó más en su carrera? se le cuestiona al miembro del Salón de la Fama del Beisbol Mexicano
“Miguelillo Suárez y el jefe Héctor Espino, uno zurdo y uno derecho. Yo que era duro para los derechos batallé mucho con Espino y en su época yo a él lo comparé con Harmon Killebrew, con toda la gente de ese calibre en Grandes Ligas”.
LOS APODOS
Piña tenía una manera muy peculiar de lanzar. Era un maestro de la bola submarina y en los últimos tiempos quienes se asemejan más a él son Isidro Márquez, Luis Ignacio Ayala y Hugo Castellanos.
“Cuando empezaba a destacar a los 20 años de edad en Gómez Palacio, Joaquín Gómez primero me puso la rebanada de sandía de esas largotas por grandote y luego ‘El Ejote’ por flaco, apodo que se me quedó en el beisbol.
“Yo creo que la bola submarina fue un don que Dios me dio desde que empecé, primero lo hice de lado y así fui a Estados Unidos, mucha gente dice que me quisieron cambiar ese estilo, pero la realidad es que a mi me dijeron ‘olvídate, tu saca outs que para eso te trajimos”.
Después de colgar los spikes en 1984, Piña trabajó al poco tiempo como coach de pitcheo en Liga Mexicana, pero se alejó rápido y hoy en día reside en Matamoros con su esposa, hijos y nietos, donde vive de una buena pensión de Grandes Ligas y de una cantina que administra.
“Cuando fui coach de pitcheo me gustaba Ignacio Flores porque lanzaba de lado y pensé que llegaría a llegara a Grandes Ligas, aunque era un poco rebelde. Desde ahora les digo que de mi tierra van a salir unos zurdos que tengo bajo mis instrucciones, a ver si es cierto que tengo buen ojo”, concluyó con una sonrisa.
Con el famoso 49
El mismo número con el que triunfó Teodoro Higuera para los Cerveceros
en los 80’s, está siendo utilizado por el michoacano Yovani Gallardo
Por Fernando Ballesteros
El número 49 bien pudiera ser retirado por los Cerveceros de Milwaukee para honrar las grandes temporadas que les dio el mochiteco Teodoro Higuera portando ese doble dígito.
Pero momento. Hay un lanzador actual de los Cerveceros que se opondría al retiro de ese famoso número.
Se trata del michoacano Yovani Gallardo, el mejor lanzador prospecto de toda la organización y quien sorprendió a todos cuando apareció en su debut en Grandes Ligas el pasado 18 de junio con el número 49.
“Supe que Billy Castro habló con él (Yovani)”, dice Teodoro Higuera. “Le preguntó ¿de verdad quieres usar ese número? ese número tiene mucho peso,fue de alguien que ya tuvo 20 victorias para los Cerveceros (1987). Entonces Yovani les comentó “pues para allá voy, es lo que yo quiero”.
Castro, nativo de Dominicana, es el coach de bullpen de los Cerveceros desde 1991 y así como le tocaron los últimos años de Higuera, también está en el principio de la carrera de Gallardo.
Higuera sabe muy bien que Yovani pidió el número 49 en memoria a su brillante carrera, lo cual le halaga tratándose de un mexicano que tiene tanta proyección en Estados Unidos.
Gallardo nació el 27 de febrero de 1986, justo cuando Higuera sudaba la casaca de los Cerveceros en el spring training.
‘Teddy’, como le llamaban en Grandes Ligas, había competido meses antes por el título de Novato del Año de la Liga Americana, luego de terminar en su debut con 15-8 y 3.90 de efectividad, 63 bases y 127 ponches.
El galardón se lo dieron al venezolano Ozzie Guillén (hoy en día manager de Medias Blancas), quien bateó .273 con un jonrón, 33 empujadas y sólo 12 errores a la defensiva en 150 juegos.
En las papeletas de los periodistas, Guillén recibió un total de 101 puntos con 16 votos para primer lugar contra 67 y 9 de Higuera.
En el caso de Gallardo no estará en posición de pelear dicho premio, ya que se integró a mitad de campaña a Milwaukee y su compañero Ryan Braun llevaba la delantera hasta hace unos días en la Liga Nacional con 24 jonrones y 62 remolcadas.
“Ojalá y Gallardo haga siempre lo que pueda hacer, que se no presione y que lleve una buena disciplina como hasta”, expresó Higuera.
El pelotero próximo a cumplir 49 años de edad el 9 de noviembre, señaló que durante la pasada temporada invernal buscó la forma de que los Cerveceros dejaran lanzar a Gallardo con los Cañeros de Los Mochis, pero no pudieron concretarlo porque lo cuidan mucho.
Yovani fue reclutado el año pasado por los Cañeros en el draft de peloteros nacionales de la Liga Mexicana del Pacífico.
MALTRADADO POR LAS LESIONES
Higuera tuvo marca impresionante de 69-38 en sus primeros cuatro años en Grandes Ligas, pero a partir de 1989 su brazo mostró síntomas de cansancio y terminó con 9-6 y 135.1 innings siendo que su mínimo en una temporada había sido de 212.
“Las lesiones vinieron porque todo el tiempo me entregué al equipo, quería completar los juegos y siempre estaba entre los líderes de ese departamento”, explica ahora Higuera a 20 años de sus hazañas.
El zurdo completó 15 juegos en 1986 y 14 en 1987, algo inusual en el llamado ‘beisbol moderno’ de la actualidad.
Sin embargo, Higuera vivió una real crisis a partir de 1991, justo cuando firmó su contrato de cuatro años y 12.4 millones de dólares.
Ese año sólo estuvo en siete juegos con marca de 3-2 y se perdió todo 1992. En 1993 y 1994 sumó cifras de 2-8 en ganados y perdidos con un total de 88 innings.
Fue entonces cuando Higuera se retiró de Grandes Ligas a los 36 años de edad.
--¿Cuál fue el origen de la lesión que te afectó tanto?
--“Fue una tendinitis muy aguda, el médico no supo dar el diagnóstico exacto, yo le decía que me dolía el brazo y aún así estaba tirando 90-92 millas, entonces él decía que eran mentiras, que no me dolía el brazo, pero yo sentía algo bien extraño y tuve que seguir lanzando así hasta que se rompieron los ligamentos”.
DOMINIO ABRUMADOR
Higuera tiene muchas satisfacciones. No se le olvida que debutó con un ponche frente a Scott Fletcher (de los Medias Blancas), aunque no recuerda que el pitcher que enfrentó ese 23 de abril de 1985 fue Floyd Bannister, padre del actual lanzador de los Reales de Kansas City, Brian Bannister.
Con un estilo muy propio en la lomita, Higuera hizo ver muy mal a toleteros leyendas de la gran carpa.
Por ejemplo, el entonces jonronero de los Azulejos de Toronto, Joe Carter, le bateó sólo .143 con 11 ponches. Y José Canseco que era el ‘monstruo’ de la época tuvo promedio de .179 y 8 chocolates frente al sinaloense.
“Eran muchachos altos, muy grandes”, dice Higuera. “Para mi siempre fueron más fáciles si así podemos llamarle porque tenían mucha zona de strike. Se me dificultaban más los bateadores de baja estatura por la reducción de la zona de strike”.
Higuera también tuvo un dominio impresionante sobre los Yankees de Nueva York. Aunque las páginas de internet estadounidenses indican que su marca fue de 13-4 frente a los ‘Bombarderos del Bronx’, Teodoro precisa esos números.
“Está mal esa cifra, en realidad fue de 14-2”.
Dice que los Yankees se le acercaron a fines de los 80’s y para no seguirlo enfrentando le ofrecieron un contrato justo cuando sería agente libre, pero no lo convencieron.
“Cuando me fui a waivers ellos me ofrecían mucho dinero, pero basado en bonos y yo mejor acepté la oferta de Milwaukee. Los Yankees son un equipo histórico y contra ellos salía con otra mentalidad, me motivaban bastante”.
LA PELEA CON BUHNER
Teodoro vivió grandes batallas con bateadores estelares. Sólo uno le pegó 4 jonrones en su carrera (Cecil Fielder) y entre los que le dieron 3 se encuentran Eddie Murray, Don Matinggly y Wally Joyner.
Y fue uno de esos duelos cargados de adrenalina con el jonronero de los Marineros de Seattle, Jay Buhner.
El 15 de abril de 1994, en el King Dome de Seattle, Buhner le dio un jonrón de dos carreras en el primer inning. Y en el cuarto inició un ataque de seis anotaciones con un doblete, cuyo racimo fue coronado por un triple de tres carreras de Griffey Jr.
Después de ese batazo, Higuera encaró de nuevo a Buhner y le dio base por golpe, lo cual provocó que el ‘grandulón’ pelotero se fuera directo a la lomita con intenciones de pegarle.
“Sigo sosteniendo que no fue intencional”, afirma Higuera. “En realidad no fue como él pensó, a mi me castigaron, pero no había justificación. Recuerdo bien que se vaciaron las bancas”.
--¿Qué pensaste cuándo viste de repente a Buhner contra ti?
--“Pensé en cargarlo”, dice Higuera con una sonrisa. “Afortunadamente lo conseguí y ninguno de los dos salimos golpeados”.
Higuera tuvo su último juego en Grandes Ligas el 9 de agosto de 1994. Lanzó en relevo de Jaime Navarro y lo hizo bien al tirar 2 innings en blanco con un hit y 2 ponches frente a Detroit, aunque éstos ganaron 10-4.
EL JUNIOR
La dinastía Higuera continúa porque su hijo del mismo tendrá su primer entrenamiento con los Cañeros de Los Mochis a partir del próximo día 15.
Teodoro Junior tiene 16 años de edad, es lanzador derecho y fue reclutado por los Cañeros como jugador de primera firma.
Como todo hijo de deportista famoso, el muchacho pudiera sentir más presión.
“Platico mucho con él y sólo le pido que salga al terreno a divertirse. Él está muy consciente de lo que fue mi carrera, de que él hará su trabajo por si mismo”.
Higuera seguirá como coach de pitcheo de los Cañeros y volverá a tener cerca de su hijo como en el pasado Torneo Japan Boys que se jugó en Culiacán, donde el prospecto mostró buenas hechuras y cometió errores por su ansiedad.
“Mi hijo es así, tiene mucha energía, mucha adrenalina, me da gusto que tenga eso porque son pitchers con mucho carácter arriba de la loma y al pasar de los años le beneficiará todo eso”.
De los Ángeles al cielo
Minutos antes de que su madre falleciera, Óscar Robles
le prometió que llegaría a Grandes Ligas…..¡y lo cumplió!
Por Fernando Ballesteros
(Entrevista publicada en febrero de 2006 por la Revista Puro Beisbol)
No es la historia de una película, pero la vida real de Robles vale más que un Óscar.
Corría el año de 1997 cuando la mazatleca Virginia Arenas Domínguez padecía una grave enfermedad.
Y cinco minutos antes de que falleciera se le acercó Óscar Robles, su hijo de 22 años de edad, el que jugaba en las sucursales de los Astros de Houston, para hacerle una promesa en su memoria: “Te juro que llegaré a las Grandes Ligas”.
“La verdad es que fue como un reto”, dice Robles con un dejo de tristeza al recordar esos últimos momentos al lado de su madre.
“Ya habían pasado ocho años sin poder lograrlo y nunca dejé de luchar desde entonces. Siempre la he llevado en mente y lo que son las cosas del destino: Mi debut se dio un 10 de mayo contra los Cardenales en San Luis”.
Robles, quien inició su travesía en 1991 en las ligas menores de Estados Unidos, cambiaría todo con tal de que su mamá lo viera jugar hoy en día con los Dodgers de Los Ángeles.
“Lo que más lamento es no poder haber ayudado económicamente a mi mamá cuando tuvo la enfermedad. Las cosas hubieran sido muy diferentes en estos tiempos y siento bastante el que no me haya visto cumplir el sueño, pero se que donde sea que esté sabe que le cumplí la promesa que le hice cinco minutos antes de que falleciera”
Óscar, hijo del también mazatleco Óscar Manuel Robles, pero con residencia en Tijuana desde niño, se casó en 2000 con la michoacana Martha Elena Orozco y tienen una niña llamada Emely, de 3 años de edad.
“Acabamos de comprar nuestra residencia en Tijuana. A Martha la conocí a mediados de los 90 en los XV Años de una prima, luego de que estaba en el campo de entrenamiento de los Astros de Houston y fui a ver unas cosas a Tijuana”.
--¿Cuál sería el momento más emocionante de tu carrera?
--Yo creo que cuando quedamos campeones con los Diablos Rojos del México, ya que contribuí en ese campeonato, pero lo más emocionante fue cuando me dijeron que iba a debutar el 10 de mayo en San Luis contra los Cardenales. Dos días después di el primer hit de mi carrera, una línea al jardín derecho contra Chris Carpenter (ganador del trofeo Cy Young 2005).
--¿Cómo te ves después del retiro?
--Pensándola bien, si me gustaría seguir en el beisbol, creo que he aprendido bastante en este deporte y en retiro podría ayudar a muchos niños y jóvenes a desarrollarse en lo poquito que sea. Cuando llegue la hora del retiro tendré que tomar esa decisión, pero todavía me queda mucho en el beisbol.
--De no haber sido pelotero ¿a qué crees que te hubieras dedicado?
--A mi siempre me ha gustado la educación física, yo creo que hubiera sido profesor de educación física o algo por el estilo. Mi padre es entrenador de niños en las ligas infantiles de Tijuana, de hecho ahorita está como instructor en una escuela que se llama Potritos de Tijuana y es el encargado.
--¿Diablos Rojos o Mayos?
--Yo les agradezco mucho a los dos equipos por darme la oportunidad de mostrarme, me han aguantado ya bastante tiempo y sí me inclinaría más por los Diablos porque fueron quienes me dieron chance de realizar mi sueño, no se opusieron mucho para que fuera con los Dodgers, no pidieron mucho dinero y se lo agradezco al Lic. Roberto Mansur y a don Alfredo Harp.
--¿Miguel Tejada o Derek Jeter?
--Definitivamente, Miguel Tejada.
--¿Randy Johnson o Roger Clemens?
--Pues te diría que Randy Johnson porque ya me enfrenté a Clemens y si es un poco difícil, pero siento que Johnson es mucho más complicado por el tipo de movimiento con que tira y la velocidad que es mayor.
--¿Cuál es el lanzador que más se te ha complicado en tu carrera, de tantos que has enfrentado?
--Aquí en México hay bastantes, de los más difíciles han sido Ángel Moreno y Francisco Campos, son los pitchers que más se me dificulta batearles.
Sabemos de la calidad de ‘Pancho’ y cuando lo vas a enfrentar debes poner mucha atención con lo que vas a hacer porque nunca vas a tener un pitcheo cómodo para batear. Es el mejor pitcher en México y merece estar en Grandes Ligas, pero así es esto.
Ahora que estuve en Grandes Ligas definitivamente batallé mucho con Billy Wagner, de los Filis de Filadelfia. Hubo un momento en que pensé que era imposible batearle, él me tiró puras rectas, la verdad me impactó bastante, me llegó a tirar 100 millas y contra un zurdo es más difícil batearle.
--¿Quién crees que es el mejor lanzador mexicano de la actualidad, incluyendo los ligamayoristas?
--Yo creo que hay bastantes, está la calidad de Esteban, de Rodrigo, de Óliver, de Dessens, no te podría decir quién es el número uno, pero merecen los cuatro o cinco que les diga que tienen mucha clase y que son los mejores.
--¿Cuál sería la atrapada de tu vida? alguna en especial
--Fue un dobleplay en el Foro Sol en la Liga Mexicana, yo estaba jugando segunda base con los Diablos, fue una rola cargada hacia la segunda que nunca pensé que fuera a llegarle a esa pelota e hice un dobleplay con el ‘Borrego’ Sandoval. Siempre me acuerdo de esa jugada.
--¿Cuál sería el día más triste de tu vida?
--Cuando falleció mi mamá, fue en 1997 y yo tenía 22 años, es algo que uno nunca se puede explicar, pero con el tiempo uno va entendiendo de que con ese tipo de enfermedades es mejor que descansen.
--¿Día o noche?
--Noche.
--¿Frío o calor?
--Templado.
--¿Short stop, segunda base o tercera base?
--He jugado segunda y tercera, pero siempre he sido short stop, me inclino más por esta posición porque es donde me siento más a gusto.
--¿Automóvil preferido?
--No tengo ninguno en especial, pero compraría un BMW. Me gustan los carros deportivos.
--¿Qué música escuchas?
--Como todo mexicano y más del norte, mi música favorita siempre ha sido la banda y como todo lo que anda de moda me gusta escuchar a Valentín Elizalde. Escucho mucho la música, casi todos los días estoy muy alegre.
--¿Qué comida te gusta más?
--Comida china y la carne asada, lo típico aquí en México. En la frontera la comida china es muy común y me acostumbré a comerla mucho.
--¿Qué extrañas de México cuando juegas en Estados Unidos?
--La comida.
--¿Tus mejores amigos en el beisbol?
--Fíjate que desde que llegué a la Ciudad de México me llevé muy bien con Saúl Soto y Roberto Saucedo, creo que con ellos hice muy buena amistad y también con Alejandro Ahumada que ahora está con Hermosillo. También llevo muy bonita amistad con Élmer Dessens, estoy muy agradecido con él porque se portó de maravilla ahora que estuvimos juntos con los Dodgers.
--¿Ciudad para vivir?
--Tijuana. En Estados Unidos estuve viviendo un tiempo en San Diego y se me hace un lugar muy agradable, con muy buen clima.
--¿Estadio para jugar beisbol?
--En México me gusta jugar mucho en Culiacán, es un estadio donde se siente el ambiente y te animas más a dar un buen espectáculo. En Grandes Ligas me gustó mucho el de Arizona y el de Los Ángeles.
--¿Recuerdas algún libro que hayas leído?
--No, casi no leo libros, me dan sueño. Leo el periódico a diario, pero cuando se trata de leer libros me duermo y prefiero no leer. Tampoco entro al internet.
--¿Alguna película que recuerdes en especial?
--Fíjate que casi no vamos al cine, no hay mucho tiempo en esta profesión. A mi esposa si le gusta más el cine.
--¿Qué significado tiene para ti el dinero?
--Claro que es importante, te da bienestar, pero no lo es todo.
--¿Hasta que grado estudiaste?
--Yo terminé la preparatoria en San Diego y en 1994 me draftearon los Astros de Houston.
--¿Algo chusco que te haya ocurrido en el beisbol?
--Haber bateado una bola de hit después de que pegó casi un metro antes de llegar a home. Lo recuerdo mucho por lo raro y porque fue en Grandes Ligas, era una jugada de bateo y corrido, y cuando me mandan esa jugada lo que trato es de hacer contacto con la bola, la miré bajita la bola y nunca perdí la vista, seguí el swing y es de lo más chusco que me ha pasado en mi carrera.
El instructor de bateo Manny Mota me dijo que empaté un record porque en las historia de Grandes Ligas sólo lo habían hecho dos, que fueron Ichiro Suzuki y Vladimir Guerrero.
Me da emoción porque como quiera que sea sí te recuerdan por ese tipo de jugadas que es muy difícil verlas. Sentía todas las cámaras a mi alrededor y lo miraba como algo increíble, de hecho, me hablaron mis familiares por teléfono para decirme que ni yo mismo aguantaba la risa. Fue contra el pitcher Robinson Tejeda, pitcher derecho de los Filis de Filadelfia.
--¿Con que sueña Óscar Robles?
--Con tener mucha salud, jugar muchos años en Grandes Ligas y poner muy en alto el nombre de México.
‘Falta más entrega’
Reconocido por su agresividad en el terreno de juego, el ‘Houston’
Jiménez dice que los peloteros actuales dejan el corazón en sus casas
Por Fernando Ballesteros
(Entrevista publicada en agosto de 2007 por la Revista Puro Beisbol)
MONTERREY._ Casi tres décadas han pasado desde que el combativo y combatido, Alfonso ‘Houston’ Jiménez, retó a los directivos del beisbol mexicano con un Sindicato de Peloteros que encabezó al lado de Ramón ‘Abulón’ Hernández.
Pero el tiempo parece haber cicatrizado heridas o al menos es el mensaje que se envía al haber entronizado a Jiménez en el Salón de la Fama del Beisbol el pasado 2 de julio en Monterrey.
“De eso no voy a hablar nada”, dice el ex ligamayorista cuando se cuestiona que es apenas el segundo jugador surgido de la ANABE (Asociación Nacional de Beisbolistas), en ser exaltado al pabellón después de Jorge Fitch.
“Eso no tiene ningún significado”, dijo a Puro Beisbol minutos después de bajar del estado donde recibió las placas de reconocimiento.
“Simplemente me siento muy feliz por ser un jugador que de alguna manera hizo algo importante dentro del beisbol para poder ser elegido al Salón de la Fama, pero de lo otro ya está en el olvido”.
JUGADORES SIN PASIÓN
Directo para hablar como siempre ha sido su estilo, Jiménez dice que el beisbol mexicano ha tenido un gran desarrollo en los últimos años, pero cree que le falta algo.
“En ocasiones nos juntamos a platicar los veteranos y en algo que siempre hemos estado de acuerdo es que el pelotero de antes de veras le tenía amor a la camiseta, yo veo que ahora el pelotero tiene mucho más talento, tira más duro, corre más duro y batea más duro, pero de repente el corazón se les olvida en su casa”.
El capitalino señala que ese coraje en el terreno se lo ha transmitido a los jugadores que ha dirigió en México en los últimos años, sobre todo a los más jóvenes.
“Yo siempre les digo que el peor enemigo está en el otro dugout, aunque después del juego te vayas a cenar con ellos. Yo creo que de alguna forma hemos perdido detalles como una fuerte barrida y cosas de esas”.
--¿Qué tanto crees que se ha desarrollado el beisbol mexicano?
--Te voy a poner un simple ejemplo, en los tiempos que nosotros jugábamos el pitcher que tiraba más duro lo hacía a 85-87 millas, muy extraordinarios con sus bolas rompientes y todo lo demás, pero comparado con Estados Unidos las velocidades estaban en 92-93.
Es decir, había una gran diferencia y yo creo que fue una de las razones por las cuales yo no batee en Estados Unidos porque mi desarrollo profesional fue en México, salté muy rápido a jugar a Estados Unidos y había mucha diferencia. En el beisbol actual, tu puedes ver a los lanzadores mexicanos tirando 92 y 93 millas hasta en las sucursales. Al ir a Estados Unidos te das cuenta que es exactamente lo que tiran en la actualidad”.
LOS MEJORES SHORT STOPS
Jiménez jugó cuatro años en el mejor beisbol del mundo. En 1983 y 1984 lo hizo con los Mellizos de Minnesota, mientras que en 1987 vistió la casaca de los Piratas de Pittsburgh y en 1988 la de los Indios de Cleveland.
Su debut se dio el 13 de junio de 1983 y se fue de 5-1 como primer bate en la victoria de los Mellizos por 9-4 sobre Kansas City.
En esos tiempos también estaba otro short stop mexicano en Las Mayores: Mario Mendoza.
--¿Pero quién ha sido el mejor campocorto mexicano de todos los que ha visto Jiménez?
--Cuando nos hacen siempre esas preguntas yo digo ‘las manos de Mario Mendoza, Juan José Pacho y alguien que nadie menciona y que creo está por encima de ellos: Leo Rodríguez junior. Él para mi tuvo las mejores manos. Ahora que si hablan de short stops más completos en la actualidad, ahí están el ‘Borrego’ Sandoval, Alfredo Amézaga, Javier Robles, entre otros”.
--¿Y el ‘Houston’ donde queda?
--Ese está en otro renglón y te voy a decir por qué, no estoy hablando del mejor. Yo reunía otras características, no soy jonronero como el ‘Borrego’, quizás no tengo las manos de Leo Rodríguez y de Mario, pero yo jugaba con más ganas que todos juntos.
‘DESAPARECE’ DEL BEISBOL MEXICANO
Tal y como ocurrió varios años en la Liga Mexicana cuando se exilió como jugador en una liga profesional de Italia, Jiménez va para dos temporadas alejado del beisbol de verano porque le está tirando a lo grande.
El capitalino es coach de bateo de los Turistas de Asheville, sucursal Clase A de los Rockies de Colorado.
“Me siento muy contento porque como manager estuviera dirigiendo y como coach de bateo estoy empapándome de programas, viendo videos y después de eso transmitirlos a los muchachos jóvenes con la experiencia que he tenido. De alguna manera me estoy enriqueciendo con esto, el beisbol es un deporte donde nunca terminas de aprender y estoy en ese proceso”.
Jiménez ya fue coach de bateo del mismo equipo el año pasado, luego de que dejó el puesto de manager de los Potros de Tijuana en la Liga Mexicana en medio de un gran misterio que nunca fue aclarado.
Y es que el equipo tenía record positivo de 20-16, pero además había ganado cinco consecutivos y 9 de sus últimos 10.
“Hubo un desacuerdo con la directiva, nada con Raúl Cano porque él y yo somos amigos, pero no es momento de dar nombres, simplemente no estuvimos de acuerdo en algunas cosas y terminamos por lo sano, teníamos un contrato ya firmado y quiero decirte que me lo respetaron hasta el final de temporada”.
Dijo que su relación con Cano es tan buena que fue el enlace para que inicialmente negociara con los Cachorros de Chicago, pero al final se quedó con Colorado.
“Resulta que en la pretemporada con los Potros, la cual preferí en vez de ir al Clásico Mundial como coach de la selección mexicana porque era mi primer año con Tijuana, el director de ligas menores de los Cachorros quedó impresionado con mi trabajo y cuando supo que iba a salir del equipo le habló a Raúl para que me fuera como manager de Clase A con un muy buen salario.
“Pero yo tenía un compromiso moral con Dan O’Down (Gerente General de los Rockies) desde que él era director de ligas menores con los Indios de Cleveland. Hace 20 años yo estaba en el equipo grande de esa organización y él me dijo ‘Houston, quiero que hagamos un compromiso, quiero ser la primera persona que te ofrezca trabajo cuando tu quieras venir a Estados Unidos, ya sea el año que viene o dentro de 10 años.
“Así fue como le dije que estaba libre, que se habían acercado los Cachorros y me dijo ‘dame 24 horas’.En ese lapso me habló para decirme ‘no tengo ahorita para manager, estoy consciente que es lo que tu deseas, pero quiero que seas el instructor de bateo en Clase A. Y ya tengo dos años con ellos”.
Jiménez dice que le habló claro a O’Down, ya que su objetivo es estar dentro de 5 ó 6 años como coach o manager en Grandes Ligas.
“Le dije ‘no vengo aquí a estar en Clase A 10 años, yo me quiero dar un tiempo de cinco años o seis años para llegar a las Ligas Mayores’. Y la verdad es que no me importa si es con los Rockies o con otra organización, pero mi meta es ascender”.
--Eso puede coincidir con un eventual arribo de Vinicio Castilla como manager de los Rockies ¿no?
Claro, pero antes que cualquier cosa Vinicio y yo somos excelentes amigos. Hace unas semanas estuvimos tres días juntos donde platicamos todo esto, lo de dirigir, el hecho de que será una nueva faceta para él. Está muy emocionado y yo le deseo lo mejor a Vinicio como mexicano.
NO DARÁ MARCHA ATRÁS
Jiménez está dispuesto a sacrificar dinero porque en ligas menores pagan mucho menos que en Liga Mexicana a los coachs y managers.
El día de su entronización, el nombre de Jiménez apareció en los principales medios de Monterrey porque comentó que le gustaría dirigir a los Sultanes.
“El ángulo de la nota no fue correcto porque una de las preguntas de los aficionados en la presentación fue si me gustaría en algún momento ser manager de los Sultanes y obviamente uno respeta a los Sultanes, Diablos, Tigres, Saraperos, Tomateros y Naranjeros, como las grandes organizaciones en México.
“Nada más dime qué manager no quisiera dirigir a estos equipos que te menciono, esa fue mi respuesta, que yo estaría encantado de ponerme la camiseta de los Sultanes, pero mi decisión de ir a Estados Unidos ya está tomada y estoy convencido de que puedo lograr mi propósito en cinco o seis años”.
Jiménez ganaría mucho más dinero dirigiendo a los Sultanes que estando en ligas menores, contrario a lo que piensan algunas personas que se le han acercado.
“No saben lo equivocados que están quienes me dicen que me estoy haciendo rico, yo estoy sacrificando mucho con lo salarios, pero obviamente estamos haciendo una inversión de tiempo para lograr algo grande porque ya en Ligas Mayores es otro nivel de contratos”.
SUS MOTIVACIONES
El pelotero cumplirá 50 años de edad el próximo 30 de octubre y ya siendo un imprtal son pocas las cosas que le falta obtener.
“Fueron muchos logros como jugador y también de manager porque mis porcentajes de ganados y perdidos son bastante buenos, pero me falta un campeonato dirigiendo un equipo y se puede decir que ese es mi próximo objetivo”.
Jiménez recuerda que cuando dirigió a los Diablos Rojos en la edición 2004 lo hizo con muchas limitantes, pero quedó muy satisfecho porque de ese equipo surgieron los lanzadores Jorge Luis Castillo, Mauricio Tequida, Martín Sotelo, Salvador Robles y Joakim Soria, quien destaca actualmente en Grandes Ligas con Kansas City.
“La gente no los conocía, Roberto Mansuir me dijo que íbamos a tener la temporada más difícil de la historia de Diablos porque por primera vez jugaba la organización con puros mexicanos, pero además sin ninguna estrella como ahorita.
“De mis 14 pitchers, 8 jamás habían lanzado en Liga Mexicana, Mansur me dijo que si llegábamos a playoffs y hacíamos unos dos o tres lanzadores, se daría por bien servido. Y le cumplí porque dejamos hechos Soria, Tequida y Castillo”.
Jiménez no puede concluir la entrevista sin explicar en quién se inspiró para ser un guerrero de los diamantes.
“Cuando yo era niño me impresionaba ver jugar a Pete Rose. En la ciudad de México no sabes la alegría que me daba ver jugar al ‘Diablo’ Montoya, yo era un aficionado viendo a los Diablos y el ‘Paquín’ Estrada que ahora es mi concuño era la estrella del equipo y otro pelotero al que admiraba mucho porque yo entonces era receptor, de hecho así fue como me firmaron y después me hicieron short stop”.
El orgullo de Willie
Lucía Aikens, hija del ex jonronero de los Venados en invierno y de varios equipos en verano, es la Reina del Carnaval de Mazatlán
Por J. Roberto Riveros
(Entrevista publicada en abril de 2007 por la Revista Puro Beisbol)
MAZATLÁN._ Veinte años después de llevar a los Venados al campeonato, Willie Aikens vuelve a hacerse presente.
El fue el Rey del cuadrangular de la Liga Mexicana del Pacífico en la temporada 1986-87 y ahora su hija Lucía, es la Reina del Carnaval de Mazatlán.
Y aunque el ex slugger de los Venados no pudo asistir a la coronación de su heredera, el acontecimiento, señala su familia, es una de las mejores cosas que le han pasado en los últimos años.
“Mi papá se opuso en un principio a que yo participara en el evento, porque él tenía otros planes para mí. Quería que fuera a Canadá a estudiar inglés.
“Pero lo convencí y cuando supo que gané, se puso muy contento”, dice Lucía, en la comodidad de su casa, donde le acompaña su guapa mamá, María Luisa Sánchez Nieto.
Lucía era una bebé de apenas cinco meses cuando su padre cumplió la última temporada con los Venados. Más tarde, su mamá la llevaría a Guadalajara y León, donde Willie puso fin a su ciclo en el beisbol profesional mexicano.
“Cuando mi papá jugaba yo estaba muy chiquita, pero mi familia y la gente que veo en la calle, me dice que mi papá fue un gran jugador, que siempre lo van a recordar, que fue uno de los mejores que han tenido los Venados.
“Me cuentan historias de partidos y todo eso. La verdad, me siento muy orgullosa de él”, dice Lucía, mostrando en su rostro la expresión de un notorio y perfecto señorío.
Aikens no viene a Mazatlán desde 1990, pero ha mantenido en todo momento contacto con su hija.
“Hablo con él por teléfono dos veces a la semana, le escribo seguido y cada año lo voy a visitar. Hay entre nosotros una comunicación constante”, dice Lucía, con evidente devoción y cariño por el padre ausente.
-¿Qué le dijo su papá cuando supo que usted había ganado?-
“Se sintió muy feliz y más, porque la gente también al verme a mí, lo reconoce a él.
“Le gustó mucho que hubiera ganado porque me esforcé bastante. Creo que cada logro que tiene un hijo, hace al papá sentirse orgulloso de él. En este caso, mi papá está feliz”.
Lucía heredó de su padre, entre otras cosas, el amor por el beisbol.
“Me encanta el beisbol, me gusta mucho verlo, estar en un estadio y ver a la gente como se comporta, todo eso. De haber sido hombre tal vez hubiera sido beisbolista”, dice, mientras sonríe.
“Una vez en el estadio, relata Lucía, un americano me preguntó por mi papá y me dijo que habían jugado juntos en las Grandes Ligas, sólo que olvidé preguntarle el nombre”.
Morena, de porte distinguido y bien configurada belleza, Lucía atrae inevitablemente la atención de la gente.
“Muchos me preguntan si soy de aquí, porque no parezco de aquí. Les digo que nací en Mazatlán pero mi papá es americano. La gente dice que me parezco a él en la altura…el comportamiento.
“Sí, me dicen que mi papá era algo alocado”, sonríe Lucía.
LLORABA CUANDO LO VEÍA
Lucía tenía dos años cuando Willie llegaba a visitarla a su casa a bordo de una moto.
“Se paraba ahí. Yo veía aquél hombre negro, alto, impresionante y me daba miedo, así que corría a esconderme debajo de la cama, me cuentan.
“Luego me llevaba a la tienda a comprar dulces para que me calmara y dejara de llorar”.
Aikens no ha regresado a ese hogar donde Lucía creció hasta convertirse en la Soberana de las fiestas carnestolendas, pero ha sido desde siempre un padre amoroso y responsable.
“El está al tanto de mi, me cuida mucho también, nos ayuda económicamente, nos apoya en todos los aspectos”, anota Lucía.
AL PENDIENTE DE LOS VENADOS
“Mi papá siempre está al tanto de los Venados, preguntando como van y le da mucha alegría saber que el equipo va bien. Nos pregunta, ‘¿en qué lugar van los Venados?’, y cuando le decimos que van al último, le da tristeza porque es un equipo al que quiere mucho.
“Cuando se enteró que Juan José Pacho era el manager, se puso muy feliz, porque él fue de su época”.
LUCÍA, LA MODELO
La Reina del Carnaval combina sus estudios de mercadotecnia, con el modelaje.
Empezó en esta actividad a los 14 años y ha sido requerida de varios lugares de la República, incluso de la ciudad de México.
“Estuve un mes en México y una agencia, Elite Model Look que trabajaba con TV Azteca me ofreció contrato por año y medio.
“La condición era que me quedara, pero no acepté porque cuando eso pasó yo estaba en el último semestre de preparatoria”, dice Lucía.
“Mi papá”, agrega, “siempre está al pendiente cuando voy a modelar y me pregunta si es en traje de baño. Yo le digo, no, modelo vestidos de novia, cosas así”, dice Lucía, de fácil palabra, desenvuelta, apoyada en su joven y atrayente personalidad.
Lucía estudia en el Tecnológico de Monterrey, pero sus compromisos como Reina del Carnaval la llevaron a interrumpir sus estudios temporalmente.
“El próximo verano regreso al cuarto semestre de mercadotecnia y cuando cumpla mi reinado en febrero de 2008, estudiaré en Canadá el quinto semestre de la carrera, de acuerdo a los deseos de mi padre”, dice Lucía.
UN HOMBRE EXTROVERTIDO
“Willie era un hombre muy amigable aunque con la prensa se mostraba siempre hermético. No le gustaba que lo entrevistaran ni tampoco que se le acercara la gente cuando iba saliendo del estadio.
“No era muy amigable en ese aspecto, pero fuera del estadio era una persona muy diferente. Le gustaban mucho las fiestas, era muy alegre”, dice María Luisa, su esposa.
Lucía nació el 30 de agosto de 1988, mientras su papá se encontraba en Estados Unidos con su mamá.
“Willie llegó 15 días después. El quería niño, pero le dio mucho gusto cuando vio a Lucía.
“Y cuando supo que Lucía ganó, estaba feliz, porque él sabe lo que es el Carnaval de Mazatlán”, dice María Luisa.
UN PAPÁ PRESUMIDO
“Willie está siempre al pendiente cuando Lucía va a modelar y le mandamos fotos de cada evento. Le gusta presumirla con sus amigos, porque muchos no creían lo que decía de su hija”.
“A él le da mucho gusto que Lucía se sienta atraída por el béisbol. Le gusta que se lo detalle jugada por jugada, quien está jugando, quien sobresale. Se acuerda de mucha gente, me empieza a preguntar por gente, pero a la mayoría no los conozco de nombre más que a los que estaban en el equipo con él. Tiene muy buena memoria”.
LO RECUERDAN SUS AMIGOS
Sus viejos amigos del Club Venados mantienen comunicación con Willie, en especial Daniel Fernández y Juan José Pacho.
“Hace unos meses Daniel le envió unas fotos de cuando jugaban juntos y de sus trillizos.
“El se siente feliz de esas cosas, saber que hacen comentarios de él en la televisión o en los periódicos, le da mucho gusto que la gente se acuerde de él”.
LO PRIMERO, VENIR A MAZATLÁN
Willie está preso desde 1994 en una prisión Federal de Atlanta, Georgia, acusado de vender cocaína.
Muchas voces se han levantado en su favor, argumentando que como otros peloteros, Willie fue un adicto a la droga, no un criminal y la sentencia está fuera de toda proporción, al daño que causó a la comunidad.
Aikens saldría en libertad el 2012, pero María Luisa confía en que sea mucho antes.
“Sus abogados están viendo eso. Si no se puede este año, entonces a principios del próximo.
“El me dijo que lo primero que va a hacer es venir a Mazatlán. Nos dice que recuerda mucho a Mazatlán, a su equipo y que nunca los va a olvidar”.
ALGUNOS LOGROS DE AIKENS EN EL BEISBOL
--Fue drafteado en la primera ronda del draft amateur de 1975 por los Serafines de California
--En 1977 debutó en Grandes Ligas, pero en 1979 dio su primer gran año al batear .280, con 21 jonrones y 82 producidas
--En 1980 pasó a los Reales de Kansas City y ese miso año estuvo en la Serie Mundial que perdieron en seis juegos ante los Filis de Filadelfia. Fue el cuarto bate y tuvo promedio de .400 (de 20-8), con cuatro jonrones y 8 impulsadas. De paso se convirtió en el primer jugador con dos jonrones en dos partidos diferentes de una misma Serie Mundial.
--En 1983 tuvo su mejor campaña con los Reales al promediar .302, con 23 cuadrangulares y 72 remolcadas
--El 20 de diciembre de ese año fue cambiado a los Azulejos de Toronto por el jardinero mazatleco Jorge ‘El Charolito’ Orta
--Jugó sus últimas dos temporadas en Las Mayores con Toronto (1984 y 1985)
--Llegó a los Venados de Mazatlán para la temporada 1986-1987, donde fue el Jugador Más Valioso de la liga al terminar con 24 jonrones y 64 producidas
--En la 1988-89 también fue líder en cuadrangulares (22) e impulsadas (73)
--Estuvo en dos Series del Caribe con México
--En 1986 debutó en Liga Mexicana con los Ángeles de Puebla y fue campeón bateador con promedio de .454, líder en producidas con 154 y no ganó la Triple Corona porque dio 46 jonrones contra 54 de Jack Pierce
--Jugó otros cinco años en Liga Mexicana con Puebla (1987), Charros de Jalisco (1988), Bravos de León (1989 y 1990), así como Industriales de Monterrey (1991)
--Es líder de la Liga Mexicana en bateo entre todos los jugadores con un mínimo de mil 200 turnos. Promedia .372 contra .369 de Nick Castañeda
La tragedia de Gehrig
El slugger de los Yanquis tenía apenas 35 años cuando fue atacado por una extraña enfermedad; tres años después, murió
Por J. Roberto Riveros
MAZATLÁN._ El 16 de marzo de 1939, Joe Williams, del New York World Telegram, reportó problemas en el campo de entrenamientos de los Yanquis.
Los más viejos periodistas se sientan en la cabina de prensa alrededor del campo y observan a Lou Gehrig ir a través de laboriosos movimientos al jugar primera base y se preguntan si están viendo una de las instituciones de la Liga Americana, derrumbarse ante sus ojos.
Lo observan con el bate y notan que no está bateando bien la pelota; lo observan alrededor de la almohadilla y notan que no está tomando las pelotas que acostumbraba tomar; lo observan correr y suponen que pueden oír sus huesos tronar y sus pulmones jadear, mientras avanza pesadamente
alrededor de las bases.
Hay un solo testimonio ocular: el veredicto debe ser de un veterano en la batalla a punto de caer.
Algo estaba terriblemente equivocado.
Gehrig tenía sólo 35 años, pero había empezado a jugar como un viejo, dejando caer fáciles elevados, fallando con el bate una y otra vez y deslizando sus pies, más que elevarlos.
Durante la práctica de bateo, una tarde, el joven Joe DiMaggio observaba perplejo como el estrella del bateo de los Yanquis, erraba 19 pitcheadas en forma consecutiva.
En los vestidores, unos pocos días después, Gehrig se derrumbó. Sus compañeros lo miraban impotentes, mientras él luchaba por incorporarse.
Gehrig no podía entender lo que le estaba pasando.
Después vino una serie de golpes a su orgullo.
En el juego de apertura, el lanzador de los Medias Rojas, Lefty Grove, caminó intencionalmente a DiMaggio para lanzarle a Gehrig.
El una vez poderoso bateador, era considerado un out fácil.
Unos pocos días después, un pitcher de Filadelfia rehusó lanzarle cerrado a Gehrig, por temor a que los reflejos del Yanqui hubieran diminuido tanto, que no sería capaz de evitar un pelotazo.
Gehrig se fue sin hit en los primeros ocho juegos y en el octavo, tras ingeniárselas para hacer un fácil out en primera, el lanzador Johny Murphy lo felicitó, como si hubiera hecho algo extraordinario.
“Cuando Murphy vino a decirme, ‘¡qué buena jugada!’, dijo Gehrig más tarde, “sabía que era tiempo de irme”.
En los vestidores, después del juego, escuchó a uno de sus compañeros decir que los Yanquis no podían ganar con Gehrig en la alineación.
Gehrig había jugado un récord de 2 mil 130 juegos consecutivos y ganado el apodo del ‘Caballo de Hierro’, pero no podía dejar a sus compañeros derrotados por la adversidad.
En Detroit, el 2 de mayo de 1939, Gehrig caminó lentamente del dugout y entregó al ampáyer un line up de los Yanquis. Por primera vez en 14 años, su nombre no estaba en él. Babe Dahlgren estaría jugando en primera base.
Gehrig siguió en el equipo como capitán, arrastrando los pies con la alineación, antes de cada juego. Después se sentaba silenciosamente en el dugout, como otro hombre que trataba de hacer el trabajo que tan bien había hecho durante tanto tiempo.
Fue al campo una vez más, arreglándoselas para jugar tres entradas de exhibición contra el equipo sucursal de los Yanquis en AAA, los Blues de Kansas City, antes de ser derribado por una línea.
Al siguiente día entró a la Clínica Mayo para finalmente averiguar que le estaba lacerando. Cuando recibió la mala noticia, pidió a su médico lo explicara en una carta pública, así que nadie pensara que se estaba rindiendo.
A quien corresponda:
Esto es para certificar que el señor Lou Gehrig ha estado bajo tratamiento médico en la Clínica Mayo del 13 al 19 de junio de 1939.
Después de un cuidadoso y completo chequeo, se encontró que está sufriendo de esclerosis lateral amiotrófica. Este tipo de enfermedad involucra el sistema motor y las células del sistema nervioso central. Se caracteriza por un deterioro irreversible de los músculos. La naturaleza de este problema es tal, que el señor Gehrig será incapaz de continuar su participación activa como pelotero.
Firmado:
Harold H. Habein, M.D.
La esclerosis lateral fue progresiva e incurable.
“Para mí”, escribió Gehrig a su esposa , “el camino puede llegar a su final aquí, pero, ¿por qué debería?
“Parece como si nuestras espaldas estuvieran en la pared, pero ahí usualmente hay una salida. ¿Dónde y cuándo?, no lo sé. Pero, ¿quién puede decir que esto podría llevar a cosas más grandes? El tiempo lo dirá”.
LA DESPEDIDA
El cuatro de julio fue el día para honrar a Lou Gehrig en el Yankee Stadium. Hubo regalos de despedida y discursos. Joe McCarthy tenía miedo de que Gehrig pudiera caerse. Aún estar de pie, era ahora difícil para él.
Al principio, Gehrig no podía decir nada. La multitud empezó a cantar su nombre de héroe. Gehrig limpió sus ojos y sonó su nariz como un pañuelo. Se controló y empezó a hablar. Su voz formó eco alrededor del Yankee Stadium.
Aficionados, durante dos semanas ustedes han estado leyendo sobre una enfermedad que contraje. Todavía hoy me considero el hombre más afortunado en la faz de la Tierra. He estado en los parques de pelota durante 17 años y nunca recibí nada, sino amabilidad y motivaciones de ustedes, aficionados.
Miren a estos grandes hombres.
¿Quién de ustedes no consideraría un aspecto notable de su carrera, ser asociado con ellos aún por un solo día? Claro, yo tengo suerte.
¿Quién no hubiera considerado un honor haber conocido a Jacob Ruppert?
¿Igualmente, el constructor del más grande imperio del béisbol, Ed Barrow? ¿Haber pasado seis años con ese maravilloso amigo Millar Huggins?
Después, haber pasado los siguientes nueve años con ese extraordinario líder, ese inteligente estudiante de Sicología, el mejor manager del béisbol actual, Joe McCarthy.
Seguro, soy afortunado.
Cuando los Gigantes de Nueva York, un equipo por el que darías tu mano derecha por vencerlo y viceversa, te envía un regalo, eso es algo.
Cuando todos, desde los guardacampos y esos muchachos con abrigos blancos, te recuerdan con trofeos, eso es algo.
Cuando tienes un padre y una madre que trabajan todas sus vidas así que puedas tener una educación y construir tu cuerpo, es una bendición.
Cuando tienes una esposa que ha sido una torre de fortaleza y te muestra más coraje del que en tus sueños existió, eso es lo más grande que conozco.
“Así”, terminó diciendo, “yo podría haber contraído esta enfermedad, pero también tengo grandes deseos de vivir”.
Una gran mezcla de dolor, simpatía y aplausos, sacudió las gradas. Mientras Gehrig terminaba su discurso, Babe Ruth se dirigió a él y lo abrazó. Sus viejas diferencias se habían olvidado.
El número 4 de Gehrig fue retirado. Ningún otro jugador había recibido tal honor y se prescindió de la regla, así que pudiera ser inducido al Salón de la Fama, sin el habitual periodo de espera.
El Alcalde Fiorello La Guardia dio a Gehrig un trabajo como Comisario de Palabra y él hizo lo mejor por servir, aún cuando no podía ni amarrarse las agujetas de sus zapatos y su esposa tenía que ayudarle a sostener la pluma para que pudiera escribir su nombre.
Gehrig murió el 2 de junio de 1941, a consecuencia de lo que es todavía llamada ‘La enfermedad de Gehrig’. Fue incinerado y sus cenizas enterradas en Valhalla, Nueva York.
FUENTES CONSULTADAS:
Baseball an Illustrated History.
Wikipedia, la enciclopedia libre.
ALGUNOS LOGROS DE DE GEHRIG:
-Seis juegos de Las Estrellas
-Record de 23 Grand Slams durante su carrera
-13 temporadas consecutivas con 100 o más carreras anotadas y carreras impulsadas.
-Marca de 184 carreras producidas en 1931, la mayor en la historia de la Liga Americana.
-Líder en cuadrangulares los años de 1931, 1934 y 1936.
-Números finales en las Grandes Ligas: .340 promedio de bateo, 493 cuadrangulares y 1995 carreras impulsadas.
-Después de la racha fue sometido a Rayos X que señalaron fracturas en los dedos de manos y pies, dolor que Gehrig soportó durante sus años de jugador. Además, sufrió de espasmos en la espalda.
-El 6 de septiembre de 1995 fue superado el record de más juegos consecutivos por Cal Ripken Jr.
JUNIO EN EL DESTINO DE LOU:
-Nace el 19 de junio de 1903
-Debuta como bateador emergente el 15 de junio de 1923
-Le confirman la enfermedad el 19 de junio de 1939
-Fallece el 2 de junio de 1941
LA ENFERMEDAD DE GEHRIG
La esclerosis lateral amiotrófica (ELA), a veces llamada enfermedad de Lou Gehrig, es una enfermedad neurológica progresiva, invariablemente fatal, que ataca a las células nerviosas (neuronas), encargadas de controlar los músculos voluntarios.
Esta enfermedad pertenece a un grupo de dolencias llamado enfermedades de las neuronas motoras, que son caracterizadas por la degeneración gradual y muerte de las neuronas motoras.
REFUERZOS DE LUJO
Te presentamos a los 10 extranjeros debutantes de
la LMP que en apariencia son los más destacados
Por Fernando Ballesteros
1-STEVE PEARCE (1B, MAZATLÁN): Lució al final de temporada con el equipo grande de los Piratas de Pittsburgh, luego de conectar 4 jonrones y producir 15 carreras en apenas 109 turnos.
De 25 años de edad y nativo de Lakeland, Florida, Pearce juega la primera base y los jardines, en especial el derecho. En 2007 dio 31 cuadrangulares e impulsó 113 carreras, además de sumar 40 dobles, 4 triples y 14 robos en 16 intentos, cuyos números le valieron ser considerado el jugador del año de los Piratas en todas sus sucursales.
Pearce fue firmado por los ‘bucaneros’ en junio de 2005 mediante un bono de 40 mil dólares.
Fue parte del equipo estadounidense que compitió en el Mundial de Taiwán, y la Revista Baseball América lo calificó a fines del año pasado como el prospecto número 3 de toda la organización de Pittsburgh.
Se le considera agresivo en home e incluso ya aprendió a batear diferentes cambios de velocidad.
2-SERGIO ROMO (L, MEXICALI): Debería venir como nacional porque sus padres son mexicanos y de hecho él creció en esa área fronteriza, pero en vía de mientras hay que disfrutar de su espectáculo viniendo desde el bullpen.
Este año debutó con los Gigantes de San Francisco y registró cifras de 3-1, 2.30 de efectividad, 27 apariciones, 8 bases y 31 ponches. Sin embargo, lo mejor de todo es su actitud positiva a toda prueba.
“Ya tengo como dos años queriendo jugar ahí con Mexicali”, ha dicho Romo. “Soy casi cachanilla, he jugado ahí, siempre he ido a los juegos de los Aguilas, si hay lugar para mí voy a jugar, ojalá y me den chance de jugar”.
El reporte de playerprofiles.com, es que el pitcher derecho tiene un repertorio de cinco lanzamientos: rápida entre 88-93 millas por hora, curva, slider, splitter y cambio de velocidad, los cuales utiliza además de diferentes ángulos.
Le sacan muchos elevados y en Doble A de los Gigantes llegó a ser el cerrador.
3-TERRY TIFFE (INF, MAZATLÁN): Fue campeón bateador este año con Las Vegas en la Liga de la Costa del Pacífico (Triple A), donde lo dirigió Lorenzo Bundy. Su porcentaje fue de .378, con 39 dobletes, 3 triples, 9 jonrones, 73 anotadas y 69 producidas.
Juega la tercera base y fue parte del equipo estadounidense que participó en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Su principal virtud es que batea de los lados, conecta líneas sólidas y se poncha poco, aunque no es muy paciente en home. Su debilidad es que no tiene velocidad (11 robos en siete años de profesional) y es mal defensivo, por lo cual es preferible ponerlo en la inicial.
Tiffee es conocido también por jugar demasiado agresivo. En abril de 2006, durante un juego de exhibición entre los Mellizos de Minnesota y su sucursal Rochester (Triple A), el sinaloense Juan Gabriel Castro buscaba poner out forzado a Terry en segunda base cuando fue embestido por el norteamericano, lo cual ocasionó que el catcher Mike Redmond confrontara a Tiffee.
4-CHRIS DUFFY (OF, MAZATLÁN): Se pasó todo el verano en ligas menores, luego de que le hicieron una cirugía en el hombro izquierdo y reapareció hasta el 4 de julio en Doble A con Altoona, donde fue compañero del ‘Cochito’ Cruz. Y el 24 de julio fue incapacitado una semana por una infección en uno de sus oídos.
En total, Duffy jugó 30 encuentros en Doble y Triple A con apenas 2 jonrones y 10 empujadas en 109 turnos al bate.
Dueño de una gran habilidad en el jardín central, Duffy había sido pretendido desde hace años por los rojos, pero no había venido simplemente porque en 2005, 2006 y 2007 estuvo en el equipo grande de los Piratas de Pittsburgh. En su primer año bateó .341, con un jonrón y 9 empujadas en 39 partidos.
Aparte de jugar una tremenda defensiva, el pelotero de 28 años de edad es muy rápido en las bases y cuenta con 41 robos en 48 intentos en las mayores, de los cuales 26 fueron en 27 oportunidades durante 2006 para liderar las Grandes Ligas con 96.7 por ciento (por encima del japonés Ichuiro Suzuki, 95.7).
5-RAY KING (GUASAVE): Es el zurdo que necesitaban los Algodoneros para encabezar el bullpen. Tiene una basta experiencia de 10 años en las Grandes Ligas, luego de debutar en 1999 con los Cachorros. También ha vestido la franela de Cerveceros, Bravos, Cardenales, Rockies y el pasado verano con los Nationals.
De 34 años de edad y nativo de Chicago, King tiene record de 20-23 en 593 juegos en las mayores, con 3.46 de efectividad y 2 salvamentos. Este año apareció en 12 encuentros con Washington, pero su mayor actividad fue en Triple A con 32 apariciones, record de 2-1, 2.25, 5 rescates, 14 bases y 33 ponches.
El 13 de diciembre de 2003 fue cambiado de los Bravos de Atlanta a los Cardenales de San Luis junto con Jason Marquis y Adam Wainwright. Y el 7 de diciembre de 2005 fue transferido de los Cardenales a los Rockies a cambio de Larry Bigbie y Aaron Miles.
En 2006, con los Rockies, obtuvo un contrato de 2 millones 500 mil dólares por esa temporada King siempre ha estado con sobrepeso y es un especialista contra bateadores zurdos.
6-JOSH ANDERSON (OF, NAVOJOA): Es un jugador muy agresivo que se ha robado 280 bases en 349 intentos en sus primeros seis años en ligas menores.
El año pasado debutó en el equipo grande de los Astros de Houston después de pasar cinco temporadas en sucursales y cumplió con creces al batear .358 (de 67-24), con 3 dobletes y 11 remolcadas.
Sin embargo, cuando se esperaba que le darían seguimiento, los Astros lo cambiaron el 16 de noviembre del año pasado a los Bravos de Atlanta en un movimiento por el lanzador regiomontano Oscar Villarreal.
Anderson inició este año en Triple A de los Bravos de Atlanta y bateó .314 en 121 juegos, con 4 jonrones, 4 triples, 25 dobletes, 77 anotadas y 40 empujadas.
Lo ascendieron al equipo grande de los Bravos y al cierre de esta edición tenía porcentaje de .263, un cuadrangular y 9 empujadas en 35 partidos.
Josh no es un bateador de poder y solía poncharse mucho, aunque ha mejorado en ese aspecto.
Su principal arma es correr en los senderos y una gran defensiva en los jardines.
7-JAYSON NIX (INF, CD. OBREGÓN): Fue drafteado el 16 de julio de 2001 por los Rockies de Colorado mediante un bono de 925 mil dólares y la Revista Baseball América lo consideró el prospecto número 5 de toda la organización en 2004.
“Él es un jugador especial a la ofensiva”, ha dicho Marc Gustafson, director auxiliar de los Rockies en ligas menores.
Este año puso los mejores números de su carrera con Colorado Springs (Triple A), luego de batear .303, con 17 jonrones, 63 anotadas y 51 empujadas en sólo 67 encuentros. Antes había debutado el 1 de abril en las Grandes Ligas con los Rockies y en 22 encuentros tuvo promedio de .125 (de 56-7), con la friolera de 17 ponches.
De 26 años de edad y nativo de Dallas, Texas, el infielder formó parte del equipo estadounidense en los pasados Juegos Olímpicos de Beijing. De hecho, causó polémica un pelotazo que le dio el pitcher cubano Pedro Luis Lazo cuando intentaba tocar la bola, cuyo incidente le impidió seguir jugando el resto del verano.
Con los Yaquis podría jugar la tercera base.
8-MIKE CERVENAK (3B, CULIACÁN): Es un antesalista veterano de ligas menores y este año debutó al final de temporada con los Filis de Filadelfia, luego de jugar 1,007 encuentros en las sucursales de Yankees, Orioles, Gigantes y Filis.
Se trata de un bateador muy consistente, pues ha producido 53 o más carreras por temporada desde 2001 en ligas menores. ¿Su mejor año? 2004, cuando bateó .328, con 26 cuadrangulares y 98 empujadas en Doble y Triple A.
También tiene experiencia de haber jugado en Holanda, Alaska, Corea (Tigres de Kia) y Venezuela, donde militó los últimos años con los Tiburones de la Guaira, Cardenales de Lara y Leones de Caracas.
El año pasado con los Tiburones fue un fracaso al batear .154 (de 26-4), sin jonrón ni carrera producida.
El reporte de playerprofiles.com, es que “Cervenak batea con fuerza y con promedio muy aceptable. Carece de disciplina en home”.
De 32 años de edad y nativo de Trenton, Michigan, Cervenak batea a la derecha y está contemplado para jugar la antesala con los Tomateros.
ERIC CAMPBELL (SS, NAVOJOA): No por venir de Clase A pierde atractivo un jugador y menos alguien con el futuro de este short stop nativo de Evansville, Indiana.
Está comprobado que tiene poder, ya que en los últimos cuatro años ha conectado 73 jonrones con 250 producidas en las ligas menores.
Durante todo ese lapso ha sido convocado a los Juegos de Estrellas
El pasado verano jugó en la Liga de Carolina con los Pelícanos de Myrtle Beach, sucursal Clase A de los Bravos de Atlanta.
Diversas publicaciones lo incluyen desde hace años entre los 10 mejores prospectos de los Bravos al lado del cubano Yunel Escobar y el catcher Jarrod Saltalamacchia, quienes ya debutaron en las mayores.
Se le conoce por sacar el bate muy rápido y ser poco paciente en el plato, aunque mejoró este año al poncharse 58 veces contra 50 pasaportes.
A la defensiva puede jugar cualquier posición del infield, pero los Bravos lo han proyectado más como tercera base en sus granjas.
Campbell cumplió 23 años de edad el pasado 6 de agosto.
10-BOBBY LEON SCALES (INF, HERMOSILLO): A sus 31 años de edad, se piensa que está en el mejor momento de su carrera luego de establecer marcas personales el pasado verano en Triple A con .320, 15 jonrones y 59 producidas, para la principal sucursal de los Cachorros de Chicago.
El problema de León es que se poncha mucho, aunque es un gran bateador de líneas y los últimos cuatro años ha conectado más de 100 hits en Triple A con cuatro diferentes organizaciones. Defensivamente no sólo puede jugar cualquier posición (excepto receptor), sino que lo hace por arriba del promedio donde lo coloquen.
Scales está contemplado para iniciar como titular de la tercera base, pero su permanencia en la segunda vuelta es poco probable porque el equipo espera el reporte de Vinicio Castilla y Germán Durán a mediados de noviembre.
Scales radica en el estado de Georgia junto con su esposa Mónica. Los últimos inviernos se quedó a dar clases como maestro sustituto en la secundaria de Milton en la ciudad de Alpharetta.
OTROS DEBUTANTES A SEGUIR: John Van Benschoten (L, Culiacán); Jeff Nettles (INF, Los Mochis); Clint Sammons (C, Navojoa); y Steven Murphy (OF, Cd. Obregón).
SÍ ES NACIONAL
El lanzador Marco Estrada, a quienes las Grandes Ligas consideran
estadounidense, nació en Cd. Obregón y habla de su orgullo de ser mexicano
Por Fernando Ballesteros
No es la primera vez que Grandes Ligas comete el error de cambiarle la nacionalidad a un pelotero.
Sin una oficina que investigue esos importantes datos, MLB ‘pifió ahora con el lanzador obregonense Marco Estrada, igual como ha ocurrido años atrás con otros jugadores mexicanos.
“Soy mexicano, ya les pedí que corrijan eso”, dice Estrada a Puro Beisbol, luego de que este medio solicitó el acta de nacimiento del pelotero en Sonora.
En el documento queda plasmado que nació en Ciudad Obregón para ser el séptimo pelotero de dicho municipio que llega al mejor beisbol del mundo.
LA HISTORIA
Marco René Estrada estaba por cumplir 6 años de edad cuando su madre Silvia Maritza decidió emigrar junto con él a San Fernando, ubicado al noroeste del condado de Los Angeles.
Corría el verano de 1989 y ambos llegaron a California, el estado que albergó en octubre de ese año la Serie Mundial entre los Atléticos y Gigantes con todo y el terremoto en San Francisco.
Hoy, a 19 años de distancia, Estrada acaba de debutar en las Grandes Ligas con los Nationals de Washington, pero recuerda muy poco de su partida de la ‘Antigua Cajeme’.
“Tenía un amigo en el kinder y como que quiero acordarme de algunas tiendas a las que iba con mi mamá”, dice el lanzador derecho.
Silvia y su madre se encargaron de criar a Marco. Son originarias de Guasave y nunca le pidieron ayuda al padre del niño a tal grado que cuando lo registraron el 8 de enero de 1983 en Ciudad Obregón lo hicieron con los dos apellidos de la mamá: Estrada Cervantes.
“No se quién es y no me interesa conocerlo”, dice Marco sobre su padre en un tono muy serio.
Pese a vivir los últimos 19 años de su vida en California, el jugador habla un perfecto español y está influenciado por las costumbres mexicanas.
“Mis comidas preferidas son el ceviche, los burritos con guacamole y las tortas que hace mi madre”, confiesa el pelotero.
Desde 1989 a la fecha, Estrada sólo ha visitado tres veces México y fue para asistir a fiestas familiares como bodas en Ensenada, Baja California.
Pero no conoce nada del beisbol mexicano e incluso no sabía quién es Francisco ‘Paquín’ Estrada, cuando le preguntamos si tenían algún parentesco.
“Solo se que el esposo de una hermana de mi mamá jugó beisbol profesional en México. Es mi tío y se llama Carlos Mejía”.
COMPAÑERO DE ‘EL TORITO’
Estando muy cerca de Los Angeles, Marco creció con una profunda admiración hacia Fernando Valenzuela, aunque le tocaron sus años decadentes con los Dodgers.
“Era la estrella de la ciudad”, comenta. “Con el tiempo tuve la fortuna de jugar con su hijo en el mismo equipo del colegio de Glendale y estuvimos juntos un año”.
Dice que ‘El Toro’ acudía a todos los juegos del junior y él se emocionaba con sólo ver a la leyenda viviente, pero nunca cruzaron alguna palabra porque el navojoense platicaba con su madre y abuela.
Ambos jóvenes tomaron caminos diferentes. Estrada firmó con los Nationals y Valenzuela con los Padres, aunque el segundo fue dejado en libertad y se ha quedado a jugar en la Liga Mexicana los últimos dos años.
SU ASCENSO A LAS MAYORES
El arribo de Estrada a Grandes Ligas fue meteórico, pero pudo haber sido más asombroso si en 2007 no se pierde los meses de marzo, abril, mayo y junio, debido a que se quebró la clavícula.
Tras debutar como profesional en 2006 y con sólo 70 apariciones en las menores, Marco recibió la noticia de su ascenso a los Nationals cuando se encontraba en Columbus, sucursal Triple A.
“Mi manager y mi coach me dijeron ese día que ya no pertenecía al equipo y quedé sorprendido. Les pregunté ¿me cambiaron de equipo? y los dos sonrieron, me dijeron entonces que iba al equipo grande”.
Marco dice que lo invadió una gran felicidad y tomó el teléfono para darle la noticia a su madre y a su novia, Janai.
“Las dos estaban llorando de alegría, fue algo muy bonito”.
Sin embargo, todavía faltaba algo más emotivo para el mexicano: Su debut el 20 de agosto.
“Nunca lo voy a olvidar, estaba calentando en el bullpen y la gente se estaba metiendo conmigo porque estábamos de visita en Filadelfia. Sentía algo de nervios, pero cuando me subí a lanzar e hice mis primer disparo me tranquilicé”.
A los dos días recibió una llamada de Luis Ignacio Ayala, el único ligamayorista mexicano con el que había platicado al momento de esta entrevista.
“Me dio ánimo para que hiciera el trabajo. Él ya no estaba con nuestro equipo y ahora me da gusto que le esté yendo bien con los Mets”.
Precisamente cuando Ayala fue cambiado a Nueva York, Estrada nunca esperó que lo llamaran a él.
“Es que yo soy abridor y él relevista, pero me estoy adaptando al bullpen y mientras me mantenga arriba no importa si continúo relevando”.
CLASICO MUNDIAL
Marco, único hijo de Silvia, dice que un eventual debut este año con Cañeros de Los Mochis en la Mexicana del Pacífico, está prácticamente descartado.
“Es que me pusieron un límite de 130 innings y ya llevo cerca de 150. No creo que vaya, pero otro año es posible”.
No obstante, el pasado 29 de agosto, el pitcher derecho y sus compañeros con los Nationals recibieron una carta de las Grandes Ligas para saber si aceptan jugar en el Clásico Mundial 2009 que tendrá como una de las sedes en marzo a la Ciudad de México.
“Estoy listo”, dice el pitcher derecho. “Claro, primero hay que ver si me contemplan en el equipo mexicano, me gustaría representar a mi país”.
Mientras eso ocurre, el pelotero de 25 años de edad espera ser literalmente un orgullo nacional.
MÁS ACERCA DE ESTRADA
--Durante su adolescencia fue un destacado pitcher en Sylmar, California, antes de lanzar 2002 y 2003 en el Glendale Community College de dicho Estado.
--En la Universidad lanzó con los 49’s de Long Beach y sorprendió en su primera apertura al derrotar 11-1 a su similar de Arizona. Lanzó 6 innings de una carrera en su primer juego importante.
“Era como si la gente dijera ¿Marco Estrada, quien es?”, comentó entonces al diario Los Angeles Daily News, el coach de pitcheo de Long Beach, Troy Buckley.
--Marco debutó en el verano de 2006 en la Rookie League, filial de los Nationals de Washington. Su record fue de 2-0, 1.52 en cinco juegos; 6 bases y 27 ponches en 23.2 innings. Ese mismo año estuvo en Clase A y no le fue nada bien con 1-4 y 5.59 en 8 encuentros.
El invierno de ese año lanzó en la Liga de Hawaii y estuvo impresionante con los Waikiki Beach Boys. Finalizó con marca de de 0-2, pero su efectividad fue de 1.19 con 33 ponches en 30 episodios. La oposición le bateó .188.
--En el verano de 2007, la prestigiada Revista Baseball América lo consideró el prospecto número 22 en toda la organización de Washington.
Ese año en Clase A tuvo cifras combinadas de 6-8, 37 bases y 102 chocolates en 105.2 episodios.
--De acuerdo a reconocidos scouts, la recta de Estrada oscila entre las 88 y 92 millas por hora; tiene una gran curva que es su mejor arma y un cambio que ocasionalmente lo saca a flote.
--El reporte es que no es un pitcher de poder y puede ser un cuarto o quinto en una rotación de Grandes Ligas, aunque debe mejorar su control.
Este 29 de septiembre cumplirá 56 años de edad
LOS RECUERDOS DE ‘MR. HIT’
Miguel Suárez, destacado jardinero que ganó tres campeonatos con los Diablos Rojos en los 70 y hoy en día es pescador, se emociona con el título 15 del México
Por Fernando Ballesteros
Fue tan bueno para batear que el afamado cronista, ‘El Rápido’ Esquivel, lo bautizó como ‘Mr. Hit’.
Tiene el record de imparables en una temporada de la Liga Mexicana con 227 en 1977 para los Diablos Rojos.
Y le tocó una época dorada en los 70’s con el México al ganar tres títulos, uno en 1973 bajo el mando del cubano Wilfredo Calviño. Los otros dos fueron en 1974 y 1976 siendo el manager Benjamín ‘Cananea’ Reyes.
Suárez se retiró en 1987 con los Angeles Negros de Puebla. Y es que después de batear muy arriba de .300 en 13 de sus primeras 15 campañas, el jardinero bajó de la cifra mágica en sus siguientes tres años y decidió colgar los spikes a sus 35 años de edad.
‘Miguelillo’, como también se le conocía, no se resistía a irse del todo del beisbol y se fue entonces a la Liga Tabasqueña, pero sus aventuras beisboleras lo llevaron casi de inmediato a Baja California Sur, donde fue requerido para reforzar el equipo Insurgentes de una liga amateur.
No imaginaba que allí se volvería a casar y se quedaría a vivir para siempre.
Hoy, la nostalgia invade a uno de los grandes ídolos en la historia del Diablos. Aislado de la pelota profesional y de las grandes ciudades donde causó revuelo, Suárez se gana la vida en las profundidades del Puerto San Carlos como pescador y socio de la cooperativa Producción Pesquera Bahía de Magdalena.
“Ando en una lancha y me meto a bucear, mi especialidad es pescar ‘Abulón’ y lo exportamos al extranjero oiga”, dice Suárez por el hilo telefónico, mientras se sienta en una silla en su casa, según nos dice, para responder cómodamente ante la sorpresa de la llamada.
--¿Y ese tipo de pesca no le recuerda al ‘Abulón’ Hernández? le preguntamos a propósito del famoso ex pelotero
--Cómo de que no, si fuimos campeones tres años con los Diablos….fue una época muy buena. Estaba el ‘Abulón’, El Diablo’ Montoya, ‘El Zurdo’ Ortiz, Antonio Villaescusa, Abelardo Vega, Pat Bourque, James Clark, Adolfo Phillips y varios más. Nadie nos ganaba y eran unos agarrones con los Tigres.
DE GUASAVE A LA CAPITAL DEL PAÍS
Suárez llegó a los Diablos en el verano de 1971 a la edad de 19 años. Y sorprendió al beisbol mexicano al batear .372 producto de 188 hits en 505 turnos. Además se robó 16 bases, dio 8 triples y terminó ganando el título de Novato del Año.
Sin duda había nacido una estrella.
“Mi llegada al equipo fue un sueño hecho realidad porque yo de chamaquillo en Guasave seguía mucho esa rivalidad Diablos-Tigres….esa época del “Cuadro del Millón”, Gregorio Luque, Kiko Castro, Rubén Esquivias, Fernando Remes y Armando Murillo.
“Entonces imagínese cuando llego a la capital, cuándo iba a pensar que sería Novato del Año y luego campeón tres veces, después rompo el record de hits y llego al Salón de la Fama. Recordar todo eso me emociona”.
--Tuvo nueve temporadas seguidas conectando arriba de 150 hits, quién lo enseñó a batear?
Ja, ja, ja…..mire, lo que yo buscaba siempre era hacer contacto con la bola y salían solos los hits. Me da risa porque me pitcheaban arriba y también le daba, era muy ‘piñatero’. El que me puso el Super Hit fue ‘El Rápido Esquivel’ que en paz descanse”.
--Usted salió de los Diablos para la temporada 1979, que pasó entonces?
“Me dolió la salida de los Diablos porque ahí fue donde me hice famoso, pero por cuestiones económicas tuve que pasar a los Cafeteros Córdoba, recuerdo que me cambiaron como por ocho peloteros a los Tecolotes de Nuevo Laredo, algunos eran novatos. Luego Córdova hizo un movimiento con Laredo y ahí me dirigió Tomás Herrera”.
Suárez hace un paréntesis para subrayar que en los 70’s el beisbol causaba euforia en las plazas de la Liga Mexicana, principalmente en el Estadio del Seguro Social.
“Se vino para abajo el beisbol en la capital, mucho tuvo que ver que se perdió la tradición Tigres-Diablos que se jugaba en el Parque del Seguro Social y otra de las cosas es que había peloteros que duraban siete u ocho años, nos hacíamos ídolos y ahora el peloteo que empieza a brillar con los Diablos se lo llevan a Estados Unidos, ahí está el caso de (Joakim) Soria”.
Asimismo, destaca el terrible impacto que tuvo entre los fanáticos la malograda Asociación Nacional de Beisbolistas (ANABE), en 1980.
“La encabezaron el ‘Abulón’ (Hernández), Luis Meré, René Chávez y varios más. Nosotros queríamos una pensión como en Estados Unidos, pero en ese entonces estaba Alejo Peralta (dueño de Tigres del México), quien era el millonario de la liga y le dio coraje a él que hiciéramos un paro los jugadores sin tomarlo en cuenta. Después él sacó la escuela de Pastejé y empezaron a salir muchos peloteros,o sea el dinero compra todo o casi todo”.
--¿Como ve ahora el beisbol a 20 ó 30 años de distancia?
--Bueno, con la caída del beisbol metieron mucho el futbol en la televisión….(Emilio) Azcárraga tiene como cuatro equipos de Televisa. No se por qué se vendría tan abajo el beisbol, ahora los pitchers no te tiran 9 entradas y antes en general dábamos más espectáculo en el terreno de juego.
LO DESCUBRIÓ ‘BETO’ PALAFOX
Cuando Miguel Suárez se inició en el beisbol todavía no existía en Guasave la Liga ‘Peimbert Camacho’, desde hace muchos años una de las mejores a nivel nacional.
“A mi me firmó ‘Beto’ Palafox que en paz descanse, yo salí de las ligas amateurs y una de esas se llamaba Tres Valles, participaba Guamúchil, Guasave, Huatabampo y Navojoa. De ahí salimos muchos peloteros”.
Señala que en ese entonces admiraba mucho a Alfredo Ortiz, al ‘Abulón’ Hernández y al ‘Diablo’ Montoya, los dos últimos también sus compañeros con los Algodoneros de Guasave en aquel campeonato que conquistaron en la edición 1971-1972 de la Liga Mexicana del Pacífico.
“Eso fue la locura en Guasave, hasta le fecha es el único título que ha ganado el equipo. También fui campeón con Navojoa y Culiacán”, indicó.
EL NÚMERO 11 EN SU HONOR
Suárez está enterado de que Daniel Fernández, flamante manager campeón con los Diablos Rojos, usó el número 11 durante su brillante trayectoria en reconocimiento a su carrera con los ‘escarlatas’.
“Eso es un honor para mi, muchos dicen que Daniel fue mi sucesor con los Diablos, pero no porque yo jugaba el jardín derecho, más bien fue del ‘Diablo’ Montoya’. Lo que pasa es que el estilo de juego de Daniel y mío fue muy parecido, dábamos muchos hits y robábamos bases”.
Del título conseguido por Daniel este año sobre los Sultanes de Monterrey, dice:
“Quiero que a través de su revista y el Internet me feliciten a Daniel, le tengo un gran respeto y le deseo que siga teniendo éxito”.
ALEJADO DE LOS DIAMANTES
Suárez tuvo su primer matrimonio en Acapulco. Posteriormente se casó en San Carlos y de esa relación tiene dos hijos de nombres Moisés Guadalupe y Aarón, de 12 y 10 años de edad, respectivamente.
“A los dos les gusta mucho el beisbol, pero juegan aquí en la isla a ratos”, comenta.
Dice que se sale adelante como pescador y de una casa que renta en Guasave, una de las pocas cosas que aprovechó económicamente dentro de su carrera en el beisbol.
--¿Cómo fue que se aisló tanto del beisbol profesional?
Me desligué cuando me vine a esta isla, pero he estado en contacto con los Diablos Rojos, les llegué a recomendar peloteros y la mayoría de ellos se han venido de los entrenamientos.
Hace años antes nos invitaban a los juegos de veteranos, como los de Diablos contra Tigres, pero ya no lo hacen. Y el año pasado marqué a las oficinas del México, hablé con (Pedro) Mayorquín, quería recomendarle unos jugadores a Roberto Castellón que es el director técnico, pero quedaron de hablarme y no lo hicieron. Desde entonces perdí el contacto con ellos.